El mito de la Edad Media como “Edad Oscura”

Está generalmente asumido que la Modernidad fue fruto de la Ilustración y que antes de ella apenas cabe consignar el Renacimiento como una época de progreso de la humanidad. Dentro de este marco progresista, el catolicismo sale malparado junto con sus Cruzadas, la Inquisición española es el epítome de la maldad, la Edad Media fue una “edad oscura” a olvidar, la Reforma protestante fue facilitadora del mundo moderno, etc.

Compartir
Rodney Stark

En su Falso testimonio (2016), que se acaba de editar en español, Rodney Stark un acreditado historiador norteamericano, no católico, con una larga y fecunda trayectoria de investigaciones sobre la historia de la civilización occidental cuestiona con muy sólidos, actualizados y empíricos argumentos los falsos testimonios de la modernidad.

Atribuye Stark a Petraca (1304-1374) haber descrito su propio tiempo como un tiempo de “oscuridad”. Le siguieron los ilustrados Voltaire, Rousseau, Gibbon y más recientemente Bertrand Russell.

Durante mucho tiempo la opinión dominante ha sido que, tras la caída del imperio romano, Europa pasó por un largo milenio de ignorancia que se ha dado en llamar La edad oscura. El Renacimiento se produjo por un debilitamiento del control de la Iglesia sobre las grandes ciudades del norte de Italia”.  Esta visión estándar, en palabras de Stark, del mundo pasado es completamente falsa: son innumerables las investigaciones modernas del cambio tecnológico que ponen de manifiesto como la Edad Media “fue una de las edades de la humanidad que destacó por su fuerte carácter innovador, en la que la tecnología se desarrolló y se puso al servicio del hombre en una medida que ninguna civilización había conocido antes” y fue durante estos siglos oscuros “cuando Europa dio el gran salto tecnológico adelante que la puso en vanguardia del mundo”.

Progreso tecnológico y cultural en la Edad Media

El historiador de la tecnología Jean Gimpel demuestra cumplidamente en su libro La Revolución Industrial en la Edad Media(1975) como “la revolución industrial del siglo XVIII hunde sus raíces en el Medioevo, el cual había revolucionado ya el mundo del trabajo por la renovación de las fuentes de energía y la invención tecnológica”.

El  progreso tecnológico operado en la Edad Media permitió un notable crecimiento de la productividad, que había permanecido estancada en el esclavista Imperio Romano, gracias a innovaciones como: los molinos de agua y viento, la rotación de los cultivos agrícolas, el arado, la chimenea, los anteojos de cristal, los estribos y las sillas de montar, las armas de fuego, los barcos veleros armados de cañones, etc.

En el orden moral los progresos fueron también muy significativos: solo una civilización, la cristiana, rechazó la servidumbre de los seres humanos. La primera vez que la esclavitud quedó suprimida de verdad en todo el mundo no fue durante el Renacimiento o la Ilustración sino en la Edad Oscura.

La mayoría de los escritores ilustrados, además de ignorar por completo los prolíficos cambios tecnológicos operados en la Edad Media, también dieron la espalda al progreso de aquél tiempo en cultura superior: la música, la arquitectura, la pintura, la literatura, la universidad.

Fue en la Edad Oscura cuando se inventó la polifonía –frente a la monofonía de los griegos y romanos- y por tanto se crearon las armonías. En el siglo X se inventó y popularizó un sistema de anotación musical, lo que permitió interpretar composiciones sin haberlas oído con anterioridad.

La excepcional corriente artística iniciada en Europa en el siglo XI recibió el nombre de “Románico” a pesar de que las obras creadas en aquel tiempo eran completamente diferentes de todo lo que habían hecho los romanos. El estilo “Gótico” que nació en el siglo XII fue criticado por algunos intelectuales durante al Ilustración. En el siglo XIII se comenzó a pintar al óleo y a hacerlo sobre telas fijadas en un  armazón de madera, en vez de sobre maderas o paredes; ello permitió al pintor trabajar despacio, utilizar brochas finas y lograr efectos que parecían milagrosos.

En literatura, las obras de Gibbon, Voltaire, Cervantes, Maquiavelo, etc fueron posibles porque sus respectivas lenguas habían adquirido forma literaria gracias a gigantes medievales como Dante, Chaucer, los anónimos cantares de gesta y los monjes que a partir del siglo X se dedicaron a escribir “vidas de santos”.

En materia educativa, la universidad, una institución dedicada exclusivamente a la “enseñanza superior”, fue algo nuevo bajo el sol. En la “Edad oscura” los profesores universitarios, ahora conocidos como escolásticos, se dedicaron a la búsqueda del conocimiento. La primeras universidades se crearon en el siglo XII y fue en ellas donde nació la ciencia.

Para el  eminente medievalista Warren Hollister (1930-1997): “Cualquiera que crea que la época que presenció la construcción de la catedral de Chartres y el nacimiento del parlamento y la universidad fue una Edad oscura debe ser un retrasado mental”.

Si la Edad Oscura es un mito ridículo, esta misma valoración habría que aplicarla al concepto de Renacimiento. La Europa cristiana había superado la antigüedad clásica en casi todos los campos….mucho antes del Renacimiento, habiendo traducido al latín las obras clásicas griegas y romanas, que los escolásticos no solo conocían sino que a menudo conocieron mejor que aquellos.

Voltaire, Rousseau, Diderot, Hume, Gibbon y otros ilustrados fueron literatos, incapaces de saber que los logros científicos de su época eran profundamente religiosos. El surgimiento de la ciencia fue inseparable de la teología cristiana. La base fundamental del auge de Occidente fue una extraordinaria fe en la razón y en el progreso que tuvieron su origen en el cristianismo.

Los teólogos cristianos siempre manifestaron una mayor fe en la razón que lo que la mayoría de los filósofos laicos estarían dispuestas a conceder hoy en día”, sostiene el historiador R. W. Southern (1970). Los impresionantes logros científicos de los siglos XVI y XVII, no fueron obra de escépticos, como los citados ilustrados, sino de hombres de sincera fe cristiana.

Además del falso mito de la Edad oscura la ilustración acuñó otro: la revolución científica situándola como un ejemplar hecho histórico que sucede milagrosamente y al margen del cristianismo. Rodney Stark demuestra con muy sólidos y evidentes argumentos  que la ciencia , como la libertad, el progreso tecnológico, la universidad, la democracia, etc son todos ellos fenómenos cristianos y por tanto exclusivos de la civilización occidental. Antes de que la ciencia alcanzara su mayoría de edad en el siglo XVII, un buen número de científicos, expresamente glosados por el autor, conformaron “los gigantes” sobre cuyos hombros Isaac Newton había conseguido –según su famosa frase- ver más lejos.

Las raíces medievales del capitalismo

En contra de la muy consabida tesis de Max Weber, según la cual la ética protestante es la clave del capitalismo y la senda conducente a la modernidad, Stark recuerda que aquél se había desarrollado plenamente muchos siglos antes de la Reforma. “El capitalismo fue un invento muy católico: apareció por primera vez en las grandes propiedades monásticas católicas”…allá por el siglo IX.

Con los grandes incrementos de la productividad de la falsa edad oscura llegaron la especialización y el comercio; y enseguida la economía monetaria, el crédito, el interés, la hipoteca, los trabajadores por cuenta ajena, etc. Este capitalismo monástico se trasladó a las ciudades-estado italianas, en las que se perfeccionó la banca, se introdujo el seguro, se creó la contabilidad de partida doble, etc. Tales instituciones capitalistas migrarían a Alemania siglos después, no al contrario.

Por si no fuera suficiente con los testimonios que aporta el libro, se podría añadir que la Universidad de Salamanca, en España, al decir del prestigioso Ludwig von Mises Institute fue el lugar de nacimiento de la Teoría Económica (The Birthplace of Economic Theory) siglo y medio antes de que el ilustrado Adam Smith escribiera su famoso libro La riqueza de las naciones.

Schumpeter, Hayek, Rothbard y cada vez mas investigadores del pensamiento económico han demostrado que las teorías económicas de los escolásticos salmantinos no solo se anticiparon a las de los ilustrados, sino que en ciertos ámbitos, como el del valor subjetivo,  siguen teniendo más vigencia doctrinal que la de aquellos: Smith, Ricardo y Marx.

Después de todo lo dicho es evidente que la establecida contraposición entre el llamado Siglo de las luces y la Edad Oscura es una fantasía literaria cuyo éxito ha sido tan grande como pequeña su razón de ser. Dicho Falso testimonio, título del libro de Rodney Stark, acabará, como tantos otros mitos progresistas, perdiendo su vigencia conforme los argumentos empíricos se vayan libremente divulgando frente a los vanos supuestos metafísicos que inspiraron la falsedad histórica que Stark ha desmontado.

Y mientras serios y lúcidos investigadores norteamericanos reivindican cada vez más nuestra cultura occidental y sus obvias y muy profundas raíces cristianas, en España, una nación que fue columna vertebral de la más grande y exitosa civilización de la historia, está de moda cuestionarla; eso sí, sin aportar ni datos ni argumentaciones mínimamente serias y consistentes.

 

Compartir

Deja un comentario

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*